
En el último tercio del siglo XIV, Felipe, de la Casa de Valois, es nombrado Duque de Borgoña. Su mandato da comienzo a una época de prosperidad económica en su corte que se ve reflejada en sus departamentos musicales.
La capilla ducal de Felipe I el Atrevido (1364 – 1404) se convierte rápidamente en el grupo de cantores y compositores más importante de la Europa de su tiempo, por encima incluso de la capilla del mismo Papa de Aviñón. Tanto es así, que hasta el mismo siglo XVI Borgoña y el Norte de Francia cubren con sus músicos las demandas musicales de toda corte o catedral que se precie, apareciendo un auténtico mercado de maestros y cantores equiparable, en fama y honorarios, al actual mercado deportivo.
Guillaume Dufay, Baude «le Cordier», Jean «le Tapissier», Gilles Binchois, Pierre Fontaine o Jean Carmen son sólo algunos de los nombres que firman el culmen de la música medieval, presentando, a su vez, todas las innovaciones que definirá el sonido del Renacimiento. El siglo XV ve nacer por primera vez un estilo internacional en la música y en el resto de artes que no es otro que el de la Escuela Franco-Flamenca o Borgoñona.
María Fernanda de Poo, cantus
Alejandro Gómez de Santos, cantus
Helio Islán Fernández, tenorista
Pablo Sainz de Robles, cantus y flauta de pico
Enrique Pastor Morales, cantus, cítola y fídula
Pablo F. Cantalapiedra, tenorista, percusión, flauta de pico, ténor y dirección
